Salud Mitocondrial: ¿Podemos recargar nuestras “baterías” con la nutrición?

La fatiga que va más allá del cansancio

Para las personas que tenemos Lupus, la palabra “fatiga” tiene un significado completamente diferente. No es simplemente estar cansado, es una falta de energía profunda, celular, que puede ser bastante incapacitante y puede afectar a cada aspecto de nuestra vida. Aunque es cierto que la inflamación crónica es una causa conocida, la ciencia está empezando a mirar más profundamente, hacia las diminutas “centrales energéticas” de nuestras células: las mitocondrias.

En este artículo se explora el significado de salud mitocondrial, como se ve afectada en el Lupus y lo más importante, si podemos usar la nutrición como estrategia para “recargar las baterías” y mejorar nuestra vitalidad desde dentro.

¿Qué son las mitocondrias? Nuestras centrales energéticas

Imagina que cada una de las células de tu cuerpo es una pequeña ciudad. Pues las mitocondrias serían las centrales energéticas de estas ciudades. Son orgánulos celulares cuya función principal es tomar los nutrientes energéticos que ingerimos en la dieta (glucosa y grasas) y el oxígeno que respiramos y convertirlos en una molécula que representa la energía química universal para todas las funciones celulares, el ATP (trifosfato de adenosina).

glucosa/grasa + O2 →ATP

Sin mitocondrias sanas y eficientes, no hay energía. Sin energía, el cuerpo no puede repararse, desintoxicarse, mantener la función inmune equilibrada ni, por supuesto, permitirnos movernos ni pensar con claridad.

La conexión entre el Lupus y la disfunción mitocondrial

La evidencia científica ya ha comenzado a demostrar una conexión crucial, los pacientes con Lupus a menudo presentan signos de disfunción mitocondrial, pero, ¿por qué ocurre esto?

  • El estrés oxidativo crónico: El Lupus es una enfermedad con un altísimo nivel de estrés oxidativo (es decir, se produce un exceso de moléculas dañinas llamadas radicales libres). Las mitocondrias son una fuente importante de radicales libres. En el Lupus, este proceso se descontrola, y las propias mitocondrias se convierten en víctimas de un daño oxidativo constante, lo que las hace menos eficientes.
  • Inflamación sistémica: las moléculas pro-inflamatorias (citoquinas) que están elevadas en el Lupus pueden dañar directamente a las mitocondrias, afectando también, su capacidad de producir ATP.

Este daño mitocondrial crea un círculo vicioso: las mitocondrias dañadas producen menos energía y más radicales libres, lo que a su vez alimenta más inflamación y más daño. El resultado, a nivel sintomático, es una fatiga profunda y persistente, y a menudo niebla mental, ya que las células del cerebro son muy ricas en mitocondrias y muy demandantes de energía.

Nutrición mitocondrial: el combustible y el equipo de mantenimiento

Si nuestras centrales energéticas están bajo ataque, ¿podemos ayudarlas? la respuesta es sí. La nutrición es clave porque proporciona los elementos necesarios para su funcionamiento y protección.

Los combustibles y engranajes (cofactores para producir ATP): para que la maquinaria de producción de energía funcione sin problemas, necesita cofactores específicos:

  • Vitaminas del grupo B: Son los “obreros” esenciales. La B1 (tiamina), B2 (riboflavina), B3 (niacina) y B5 (ácido pantoténico) son cruciales en los ciclos metabólicos que generan ATP.
  • Magnesio: Indispensable. El ATP, para que sea biológicamente activo, debe estar unido al magnesio, si existe una deficiencia de este, habrá una crisis energética celular.
  • Hierro: Este forma parte de las proteínas clave en la cadena de transporte de electrones, es decir, en la cadena dónde se obtienen los ATP.

El equipo de protección, antioxidantes y estabilizadores: para defenderse del daño oxidativo, las mitocondrias necesitan un potente equipo de protección:

  • Coenzima Q10 (CoQ10): Es un antioxidante vital que se encuentra dentro de la propia mitocondria y es clave en la producción de ATP. Su producción natural disminuye con la edad y en ciertas condiciones de enfermedad.
  • Glutatión y sus precursores: Es el “antioxidante maestro” del cuerpo. No podemos comer glutatión directamente, pero podemos aportar aquellos nutrientes para que el cuerpo lo fabrique, alimentos ricos en azufre (ajos, cebolla, brócoli) y aminoácidos como la cisteína (huevos, pollo), además el selenio es un cofactor clave para las enzimas que usan el glutatión.
  • Vitamina C y E: trabajan juntas para proteger las membranas de las mitocondrias del daño oxidativo.
  • Zinc y manganeso: Son cofactores para enzimas antioxidantes clave.

¿Qué alimentos poner en el plato para apoyar a tus mitocondrias?

Verduras de hoja verde y crucíferas: Espinacas, kale, brócoli, coles de Bruselas (llenas de vitaminas B, magnesio y compuestos azufrados).
Frutas de colores intensos: Arándanos, fresas, moras (ricas en antioxidantes y polifenoles).
Pescado azul pequeño: Sardinas, boquerones, caballa, salmón (fuentes de omega-3 para las membranas celulares y CoQ10).
Carnes de calidad y huevos: Aportan CoQ10, L-carnitina, B12 y precursores del glutatión.
Frutos secos y semillas: Nueces, almendras, semillas de girasol (vitamina E, magnesio, zinc).
Legumbres: Lentejas, garbanzos (fuentes de vitaminas B y minerales).
Aceite de oliva virgen: Rico en antioxidantes y grasas saludables.

Conclusión: la nutrición como estrategia de apoyo, no de cura

Es fundamental entender que la nutrición mitocondrial no es una “cura” para el Lupus. Es una estrategia de apoyo avanzada y complementaria al tratamiento médico. Al proporcionar a nuestras células los nutrientes que necesitan para producir energía de manera más eficiente y protegerse del daño, podemos, potencialmente, mejorar nuestra resiliencia, reducir la fatiga y mejorar nuestra calidad de vida general.

Como siempre, cualquier estrategia nutricional, y especialmente la suplementación, debe ser personalizada y supervisada por tu equipo médico y una dietista-nutricionista, quienes podrán valorar tus necesidades específicas a través de analíticas y tu historia clínica y dietética.


Fuentes

Poznyak, A. V., Orekhov, N. A., Churov, A. V., Starodubtseva, I. A., Beloyartsev, D. F., Kovyanova, T. I., … & Orekhov, A. N. (2024). Mitochondrial dysfunction in systemic Lupus erythematosus: insights and therapeutic potential. Diseases, 12(9), 226. https://doi.org/10.3390/diseases12090226

Lupu, A., Stoleriu, G., Nedelcu, A. H., Perju, S. N., Gavrilovici, C., Baciu, G., … & Lupu, V. V. (2025). Overview of oxidative stress in systemic Lupus erythematosus. Antioxidants, 14(3), 303. https://doi.org/10.3390/antiox14030303

Quintero-González, D. C., Muñoz-Urbano, M., & Vásquez, G. (2022). Mitochondria as a key player in systemic Lupus erythematosus. Autoimmunity, 55(8), 497-505. https://doi.org/10.1080/08916934.2022.2112181

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