
Si convives con una enfermedad como el Lupus, obsesionarte con el número en la báscula no solo es inútil, sino que puede empeorar tu bienestar y tu pronóstico. Te explico qué es importante tener en cuenta en lugar del dichoso número.
Si tienes Lupus, es bastante probable que tu relación con tu cuerpo y con el peso haya cambiado. Entre los brotes, el cansancio extremo y los tratamientos, subir a una báscula puede convertirse en un momento de ansiedad y culpa.
Por eso, en mi consulta la báscula no es la protagonista, de hecho es un elemento ausente. Si vives bajo la presión de esta enfermedad, el número que marca el peso no nos cuenta ni la mitad de la historia. A continuación te explico por qué no me sirve la báscula para evaluar tu salud.
La báscula no diferencia entre líquidos y grasa
Los corticoides, como la prednisona, son a menudo necesarios para controlar los brotes de la enfermedad, pero traen consigo efectos secundarios notorios. Uno de los más comunes es la retención de líquidos y la redistribución de la grasa corporal (como la “cara de luna llena» o «moonface”). Cuando te subes a la báscula y ves que has subido 2 o 3 kilos en una semana, no has ganado 2 o 3 kilos de grasa, es tu cuerpo reteniendo agua debido a la medicación o a la inflamación activa. La báscula no sabe distinguir esto y solo te genera frustración.
La báscula no diferencia entre masa muscular y grasa
El dolor articular, la inflamación sistémica y la fatiga extrema pueden hacer que te muevas menos. Esto a menudo resulta en una pérdida de masa muscular. Como el músculo pesa más que la grasa, podrías estar perdiendo músculo vital para proteger tus articulaciones y ganando tejido adiposo (grasa), y sin embargo, la báscula podría mostrar que pesas lo mismo. El número se mantiene, pero tu salud metabólica ha empeorado.
La báscula genera ansiedad
El estrés emocional es un desencadenante conocido de los brotes de Lupus. Pesarte constantemente, sentir culpa por no poder bajar de peso debido a una metabolismo alterado por la mediación y entrar en un ciclo de dietas restrictivas genera un nivel de cortisol (la hormona del estrés) que tu cuerpo no necesita. El objetivo en consulta es reducir tu carga mental, no sumarle otra.
¿Qué medimos entonces en consulta?
Si la báscula no sirve, ¿cómo sabemos que estamos mejorando? Nos centramos en marcadores reales de bienestar:
- Tus niveles de energía: ¿Tienes menos fatiga durante el día?
- El dolor y la rigidez: ¿Se sienten mejor tus articulaciones por la mañana?
- Fuerza funcional: ¿Te cuesta menos levantarte, subir escaleras o hacer tus tareas diarias?
- Composición corporal: Si es necesario, evaluamos la masa muscular frente a la masa grasa, no el “peso” total, mediante un par de mediciones que te puedes hacer tú misma.
- Tus analíticas: Marcadores de inflamación y salud general que nos dicen qué está pasando por dentro.
Conclusión
Tu valor no se mide en kilogramos, y mucho menos cuando tu cuerpo está librando una batalla autoinmune. Es hora de hacer las paces con tu cuerpo, entender que los cambios a veces son el precio de apagar un brote, y enfocar nuestra energía en nutrirte, desinflamarte y devolverte la calidad de vida.
