
Cuando vivimos con Lupus, somos conscientes de la sintomatología que podemos ver y sentir, como el dolor articular, las lesiones en piel, la fatiga… pero, ¿qué hay de lo que no se ve o se siente, aquello que no avisa pero que puede tener un gran impacto en nuestra saluda a largo plazo? Uno de los riesgos silenciosos más importantes, y del que se habla poco, es el nivel de homocisteína en sangre.
Quizá te suene la palabra o quizá hayas visto que en tus analíticas aparece este dato, pero ¿qué es la homocisteína? La homocisteína es un marcador importante para las personas con Lupus porque nos da información sobre un proceso vital que ocurre dentro de nuestras células: el ciclo de la metilación.
Entender este ciclo es clave para comprender cómo la nutrición puede ser una herramienta poderosa para proteger nuestra salud cardiovascular y nuestro bienestar general.
El ciclo de la metilación: el sistema de “engranajes” de tu cuerpo
Imagina a tu cuerpo como una máquina increíblemente compleja, que funciona a partir de muchísimos sistemas de engranajes, bueno, pues el ciclo de la metilación sería uno de estos sistemas y que además, sería uno de los fundamentales. Este sistema es un proceso fundamental que ayuda a:
- Regular la expresión de los genes: actúa como interruptor que “enciende” o “apaga” genes, incluyendo aquellos relacionados con la inflamación.
- Reparar el ADN: protegiendo la integridad de nuestras células.
- Producir energía y neurotransmisores (como la serotonina o “hormona de la felicidad”).
- “Desintoxicar” el cuerpo.
Para que este sistema funcione necesitamos que los engranajes giren correctamente, para esto necesitamos “aceite” que serían unos nutrientes clave, como las vitaminas del grupo B.
Homocisteína: el residuo que puede convertirse en un problema
Dentro de este ciclo, se produce un aminoácido llamado homocisteína, en un cuerpo sano, esta homocisteína es reciclada rápidamente y es convertida en otras sustancias útiles, el problema surge cuando, en lugar de reciclarse adecuadamente se va acumulando en sangre. Bueno, pues niveles altos de este aminoácido en sangre, pueden producir problemas de salud, ya que esta sustancia a niveles altos es tóxica. Cuando esto sucede puede verse dañado el revestimiento de los vasos sanguíneos, promoviendo la inflamación y la formación de coágulos, de aquí que una hiperhomocisteinemia, es un factor importante de riesgo cardiovascular independiente.
La conexión con el Lupus: ¿por qué prestarle atención?
Las personas con Lupus tenemos un “caldo de cultivo” particular que puede favorecer la elevación de la homocisteína:
- Inflamación crónica: La propia inflamación provocada por el Lupus puede interferir con sustancias relacionadas con el ciclo de la metilación.
- Medicación: Fármacos como el metotrexato actúan precisamente bloqueando el metabolismo del ácido fólico, una de las vitaminas clave de este ciclo.
- Afectación renal: La nefritis lúpica puede dificultar la eliminación de la homocisteína.
- Factores genéticos: Algunas personas tienen variantes genéticas comunes que hacen que su ciclo de la metilación sea menos eficiente.
Este “impacto silencioso” es crucial: mientras nos concentramos en los brotes, la homocisteína elevada puede estar dañando nuestra salud cardiovascular, que ya es un punto vulnerable en el Lupus.
Nutrición al rescate: el “aceite” para tus engranajes
Las buenas noticias es que podemos apoyar activamente nuestro ciclo de la metilación a través de la nutrición, asegurando que a nuestra maquinaria no le falte el “aceite” que necesita y para esto tendremos en cuenta estos nutrientes clave:
- Folato (vitamina B9): Es el actor principal, por lo tanto, es fundamental consumir su forma activa, y dónde la encontramos: en verduras de hoja verde muy oscuro (espinacas, acelgas), brócoli, espárragos, legumbres y aguacate.
- Vitamina B12 (Cobalamina): Trabaja en equipo con el folato. Las fuentes alimentarias de vitamina B12 son los alimentos de origen animal cómo las carnes, pescados, huevos y lácteos.
- Vitamina B6 (Piridoxina): Es importante para las vías de reciclaje de la homocisteína y la encontramos en los garbanzos, el plátano, el salmón, la pechuga de pollo y las patatas, por ejemplo.
Conclusión
La homocisteína elevada es un factor de riesgo importante en el Lupus, pero también es modificable. Entender la importancia del ciclo de la metilación nos empodera. Nos permite tener conversaciones más profundas con nuestro equipo de salud y nos da una hoja de ruta nutricional clara.
Una dieta rica en hojas verdes, legumbres y fuentes de proteína de calidad no es solo una “dieta antiinflamatoria” genérica, es una estrategia bioquímica dirigida a mantener tus engranajes internos bien lubricados. Es una forma proactiva y poderosa de proteger tu salud a largo plazo.
Fuentes
Martínez-Berriotxoa, A., Ruiz-Irastorza, G., Arberas, M. V. E., Gutiérrez, M. R., & Errasti, C. A. (2003). Homocisteína plasmática en pacientes con Lupus eritematoso sistémico. Medicina clínica, 120(18), 681-685.
Navarro, M., País, F., López, W., Cabello, R., Salazar, M., & Zerpa, A. (2014). Relación de la concentración de homocisteína con factores de riesgo cardiovascular en pacientes con Lupus eritematoso sistémico. Comunidad y Salud, 12(2), 51-61.
McMahon, M., Seto, R., & Skaggs, B. J. (2021). Cardiovascular disease in systemic Lupus erythematosus. Rheumatology and immunology research, 2(3), 157–172. https://doi.org/10.2478/rir-2021-0022
