Dieta cetogénica y Lupus: ¿Una herramienta prometedora o un riesgo innecesario? Lo que dice la ciencia

Convivir con Lupus hace, de manera natural, que busquemos herramientas que nos ayuden a mejorar nuestra calidad de vida. En los últimos años, la dieta cetogénica o dieta keto ha resonado mucho, teniendo una gran acogida por el público general, tanto para perder peso como para mejorar la función cognitiva. Pero, ¿qué hay de cierto en su posible aplicación para el tratamiento del Lupus? ¿Es una estrategia segura y efectiva, o un riesgo que no merece la pena correr?

Para responder a estas cuestiones, debemos actuar con cautela, separar el entusiasmo de la evidencia y entender qué nos dice la ciencia hasta ahora. Este artículo busca explorar tanto el potencial teórico de esta dieta como los riesgos que puedan darse en el contexto de una enfermedad autoinmune compleja como es el Lupus.

Por lo tanto, empezamos preguntándonos ¿qué es la dieta cetogénica? Bueno, esta dieta se basa en un plan de alimentación muy específico que se caracteriza por ser un patrón nutricional muy bajo en carbohidratos (generalmente menos de 50 g diarios), muy alto en grasas (entre el 70 y el 80% de las calorías totales diarias) y moderado en proteínas.

El objetivo de esta reducción tan drástica de carbohidratos es forzar al cuerpo a cambiar su principal fuente de combustible. En lugar de usar la glucosa (que proviene principalmente de los carbohidratos), el cuerpo entra en un estado metabólico llamado cetosis, en el que el hígado produce cuerpos cetónicos, a partir de la grasa, siendo estas cetonas la nueva fuente de energía para el cerebro y el cuerpo.

y ¿por qué esto podría ser relevante para el Lupus?, bueno el interés científico de esta dieta en enfermedades autoinmunes se basa en varios mecanismos biológicos que, en teoría, podrían ser beneficiosos:

  1. Potencial antiinflamatorio: Ésta sería la conexión más estudiada y prometedora, ya que se ha observado que uno de los principales cuerpos cetónicos, el BHB, puede inhibir la activación de una estructura celular llamada inflamasoma NLRP3. Imaginemos que este NLRP3 es un interruptor maestro que desencadena una potente respuesta inflamatoria, al modular este interruptor, la dieta cetogénica podría, teóricamente, ayudar a reducir la inflamación sistémica que provoca el Lupus. 
  2. Impacto en el sistema inmune: La investigación emergente sugiere que el estado de cetosis puede influir en el comportamiento de las células inmunitarias, algunos estudios en modelos animales han mostrado que puede reducir la actividad de ciertas células T pro-inflamatorias y promover un perfil inmunitario más regulado. 
  3. Modulación de la microbiota intestinal: Un cambio tan drástico en el patrón alimentario modifica la composición de la microbiota intestinal. Dado que un desequilibrio de esta microbiota (disbiosis) se ha relacionado con el desarrollo y la actividad de algunas enfermedades autoinmunes, se investiga si los cambios inducidos por la dieta keto podrían tener un efecto beneficioso.

¿Qué dice la investigación específica en Lupus?

Aquí es donde debemos ser extremadamente prudentes, ya que, a pesar de los interesantes mecanismos teóricos, la investigación directa en humanos con Lupus es extremadamente limitada y se encuentra en fases muy preliminares, es decir:

  • Hasta la fecha, no existen ensayos clínicos controlados a gran escala que demuestren la seguridad y eficacia de esta dieta como tratamiento para el Lupus.
  • La evidencia disponible hasta la fecha se basa en estudios en modelos animales o en algunos reportes de casos y pequeños estudios piloto en humanos.

Una dieta tan restrictiva como la cetogénica no está exenta de riesgos, que puede ser especialmente relevantes para una persona con Lupus, por ejemplo:

  • Riesgo renal: La dieta keto puede aumentar la carga de trabajo sobre los riñones. Para una paciente con nefritis lúpica o riesgo de desarrollarla, esto podría ser contraproducente. Cualquier dieta bajo este contexto debe ser supervisada por nefrólogos, reumatólogos y nutricionistas.
  • Salud cardiovascular: Aunque esta dieta puede mejorar los triglicéridos, en algunas personas puede elevar significativamente los niveles de colesterol LDL y teniendo en cuenta que los paciente de Lupus ya partimos con un riesgo elevado de sufrir eventos cardiovasculares, esta dieta no sería la aproximación nutricional más adecuada.
  • Déficits nutricionales: Al restringir drásticamente frutas, legumbres y cereales integrales, es fácil que se de un déficit de fibra, vitaminas como algunas del grupo B y vitamina C y minerales como el magnesio y el potasio, así como otros antioxidantes.
  • Efectos secundarios de la adaptación: Entrar en cetosis puede ir acompañada de la “gripe keto”, que cursa con dolores de cabeza, fatiga, náuseas e irritabilidad, que podrían solaparse y empeorar síntomas del propio Lupus.
  • Sostenibilidad y carga mental: Es una dieta socialmente aislante y muy difícil de seguir a largo plazo. La carga mental de planificar y restringir puede convertirse en un factor desencadenante de estrés adicional, lo cual no es deseable en una enfermedad cuyo factor principal de brote es el estrés en sí mismo.

Por lo tanto, conclusión, aunque la dieta cetogénica presenta mecanismos biológicos fascinantes con un potencial teórico antiinflamatorio que podría ser de interés para el Lupus, a día de hoy, la falta de evidencia científica sólida en humanos con Lupus y lo significativos riesgos asociados hacen que NO sea una estrategia nutricional de primera línea ni recomendada de manera general.

Se trata de un enfoque experimental que en todo caso, nunca debería realizarse por cuenta propia. Si tienes interés en explorarla, deberías hacerlo únicamente bajo la supervisión estricta de un equipo multidisciplinar y de un dietista-nutricionista con experiencia en este tipo de dietas y en autoinmunidad.

La nutrición es una herramienta poderosa, pero su poder reside en la personalización, la seguridad y la evidencia. Mientras la ciencia avanza, un patrón de alimentación basado en alimentos reales, rico en vegetales y con un perfil antiinflamatorio demostrado, cómo la dieta mediterránea, sigue siendo la recomendación más segura y respaldada para el bienestar del paciente con Lupus.

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