
Cuándo tienes una enfermedad crónica como el Lupus, que te acompaña desde hace ya un tiempo, seguramente te sepas la teoría de memoria en cuánto a alimentación: “evita los ultraprocesados”, “cuidado con la sal por los riñones”, “aumenta el Omega-3”…
Vivimos constantemente bombardeados de mensajes sobre cómo nuestra dieta puede apagar o encender la inflamación, y eso, aunque es cierto, tiene a veces una cara B peligrosa.
Hoy no hablaré de nutrientes, ni inflamación, ni pirámides alimenticias. Hoy quiero invitarte a un espacio seguro para reflexionar sobre algo más íntimo: ¿Cómo te sientes cuando comes?
Es común observar mujeres (también hombres) fuertes y valientes que luchan para llevar lo mejor posible su enfermedad, pero que, sin darse cuenta, han empezado una guerra silenciosa contra su propio plato.
La trampa del control: “si controlo la comida, controlo mi Lupus”
El Lupus es una enfermedad caprichosa, lo sabemos, lo estamos viviendo a diario. Nos quita la sensación de control sobre nuestro cuerpo: un día estás bien y al siguiente no puedes levantarte de la cama. Ante esa incertidumbre, el ser humano busca desesperadamente algo a lo que aferrarse, es totalmente normal, y la comida es la candidata perfecta.
Es fácil caer en el pensamiento de que si como “perfecto”, si tengo unos hábitos de vida “perfectos”, no tendré o evitaré los brotes, y por el contrario si tengo un brote, puede ser porqué no he hecho bien algo, me culpo.
Esta culpa es una carga muy pesada para tus hombros. La ciencia nos dice que la alimentación es una herramienta de ayuda, pero no es la única responsable. El Lupus es multifactorial, por lo tanto, poner toda la responsabilidad de tu salud en lo que comes no es sólo injusto, sino que puede derivar en “Ortorexia nerviosa”, algo de lo que ya os he hablado anteriormente, es esa obsesión patológica por comer “limpio” o “puro” que acaba restringiendo tu vida social y dañando tu salud mental.
“The elephant in the room”: los corticoides y el espejo
No puedo hablar de Lupus y comida sin hablar de la imagen corporal. La relación con nuestro cuerpo cambia drásticamente cuando entra en juego la medicación, especialmente los corticoides (prednisona).
Ver cómo tu cara parece un globo (“moon face”), cómo cambia la distribución de grasa corporal, concentrando en la zona abdominal, espalda…, cómo tu piel se estría, es un duelo, y uno de los grandes. Es doloroso reconocerse en el espejo, tan doloroso que puedes llegar a evitar mirarte en ellos o incluso mirar tu reflejo en un escaparate.
En este punto, muchas pacientes caen en la restricción alimentaria o en las dietas milagro, no solo por salud, sino en un intento desesperado por recuperar su antigua imagen. Quiero que sepas que ese dolor es válido. No eres superficial por extrañar tu cuerpo de antes, pero castigar tu cuerpo actual con restricciones severas no hará que la medicación deje de tener sus efectos secundarios, solo te quitará energía y nutrientes necesarios para sanar.
La señales de alerta
No hace falta tener un diagnóstico clínico de Anorexia nerviosa o Bulimia para tener una relación dañada con la comida. En el mundo de las enfermedades autoinmunes, los trastornos suelen ser más sutiles y disfrazarse de “autocuidado extremo”, pero al final no deja de ser una mala relación con la comida.
Hagámonos estas preguntas y contestémonos con sinceridad y sobre todo, sin juicio:
- ¿El miedo al cambio corporal decide por ti?¿Has dejado de comer alimentos que te gustaban y te sentaban bien (como carbohidratos) solo por miedo a que te inflamen aunque ningún especialista te lo haya prohibido?
- ¿Evitas la vida social?¿Dejas de ir a cenar con amigos o familia porque no puedes controlar el 100% de los ingredientes de lo que te van a servir?
- ¿Sientes culpa física? Si un día te comes un dulce o comes pizza, ¿sientes que “has fallado” o que “te mereces” encontrarte mal o verte mal después?
- ¿Compensas? Si tienes un día de mucha fatiga y comes algo rápido, ¿intentas “limpiarte” en la siguiente ingesta o al día siguiente saltándote comidas o haciendo ejercicio extenuante?
Hacia una nutrición compasiva
Si te has sentido identificado con alguna de estas situaciones, quiero darte un abrazo y decirte: no es tu culpa. Es una respuesta normal ante una situación anormal (vivir con una enfermedad crónica).
El objetivo de la nutrición en el Lupus no debería ser la “perfección” (¿qué es la perfección?), sino el soporte.
- Comemos para tener energía para combatir la fatiga.
- Comemos para cuidar nuestros músculos y huesos.
- Comemos también por placer porque la salud mental también es salud.
Tu cuerpo ya está luchando una batalla difícil. La comida debería ser su aliada, su gasolina y su mimo, nunca una fuente más de estrés.
Si sientes que la comida ocupa demasiado espacio en tu mente, recuerda que pedir ayuda psicológica es tan importante como ir al reumatólogo. No tienes que hacerlo sola.
La ciencia es clara en este aspecto, las personas con enfermedades reumáticas tenemos un riesgo mayor de sufrir alteraciones en nuestra conducta alimentaria debido a la presión por la salud y los cambios corporales.
En mi consulta trabajamos la nutrición clínica, pero siempre desde la flexibilidad y el respeto a tus emociones. Si necesitas reconciliarte con tu plato, estoy aquí.
Fuentes
Sifakaki, M., Gkiouras, K., Lindqvist, H. M., Marakis, G., Petropoulou, A., Donini, L. M., Bogdanos, D. P., & Grammatikopoulou, M. G. (2023). Orthorexia Nervosa Practices in Rheumatoid Arthritis: The DORA Study. Nutrients, 15(3), 713. https://doi.org/10.3390/nu15030713
Rodrigues, L., Sim‐Sim, M. M., Sousa, L., Faria‐Schützer, D. B., & Surita, F. G. (2021). Self‐concept and body image of people living with lupus: A systematic review. International journal of rheumatic diseases, 24(11), 1339-1353. https://doi.org/10.1111/1756-185X.14187
