
Antes de sumergirnos en este tema tan profundo y necesario, quiero empezar con una aclaración importante: no soy terapeuta de yoga ni experta certificada en YST. Mi campo es la nutrición clínica para pacientes con Lupus, una realidad que conozco de primera mano desde hace más de 30 años.
Sin embargo, mi doble rol me impulsa a estar en una búsqueda constante de herramientas holísticas que, siempre desde el respeto a la ciencia y como complemento al tratamiento médico, puedan ofrecer un apoyo real a nuestro bienestar integral. Busco enfoques que entiendan la complejidad de vivir con una enfermedad crónica, que aborden no sólo el cuerpo físico, sino también nuestra salud emocional y nuestro sistema nervioso.
En esta búsqueda, y después de escuchar en un congreso a Xelo Tarrasó, nutricionista y experta en YST, llegué a la conclusión que esta práctica puede tener un gran impacto positivo en las personas con Lupus. En este artículo, aunque no hable como experta en la materia, quiero compartir con vosotras mi perspectiva como profesional de la salud y como compañera de viaje.
El cuerpo como guardián de nuestras heridas
Vivir con Lupus es más que una batalla física; es una experiencia que impacta de manera brutal a nuestro sistema nervioso y a nuestra salud emocional. Desde el shock del diagnóstico, el miedo a brotes, el dolor constante, los tratamiento, a veces, incapacitantes y las secuelas de una enfermedad que mina tu salud desde lo más profundo, nuestro cuerpo acumula una carga, y esta carga, en muchas ocasiones se manifiesta como trauma, aunque no siempre la reconozcamos con esta palabra.
Hablamos de trauma no solo como un gran evento catastrófico, sino como cualquier experiencia que sobrepasa la capacidad de nuestro sistema nervioso para gestionarla, dejándonos en un estado de alerta crónica (“lucha o huida”). ¿Te suena esa sensación de estar siempre en tensión, de sobresaltarte con facilidad o de sentirte desconectada de tu propio cuerpo? Aquí es donde la nutrición y el autocuidado deben ir de la mano de herramientas que trabajen directamente con el cuerpo. Y una de las más destacadas y respetuosas es el Yoga Sensible al Trauma (YST). Como nutricionista y paciente, he descubierto que entender este enfoque puede ser una pieza clave para el bienestar integral.
¿Qué NO es el Yoga Sensible al Trauma?
Primero, olvidemos las imágenes de posturas acrobáticas o clases de “fitness” intensas. El YST no tiene como objetivo la flexibilidad, la fuerza o “hacerlo bien”. De hecho, es casi lo opuesto.
¿Qué SÍ es el Yoga Sensible al Trauma?
Es un enfoque terapéutico corporal diseñado para personas que han experimentado trauma. Su objetivo fundamental no es físico, sino ayudar al individuo a reconectar de forma segura con su cuerpo.
A diferencia de una clase de yoga estándar, el YST se basa en estos principios clave:
- En la elección: El instructor no da órdenes, sino que ofrece invitaciones (“si te sientes cómoda, puedes explorar este movimiento”). El paciente tiene el control total y la libertad de elegir no hacer nada.
- La interocepción: Es la capacidad de sentir lo que ocurre dentro de tu cuerpo (hormigueo, tensión, respiración). El YST se enfoca en “notar” sensaciones de forma curiosa y sin juicio.
- En el NO-Estético: No importa cómo se vea la postura por fuera, lo importante es cómo se siente por dentro.
- En la seguridad y el contexto: Se crea un entorno seguro, sin ajustes físicos por parte del instructor, con un lenguaje que invita y nunca impone.
¿Por qué podría ser muy relevante para los pacientes de Lupus?
Aquí está la conexión crucial. Muchas de nosotras vivimos con un sistema nervioso “secuestrado” en modo simpático (alerta/estrés). El Lupus en sí mismo es un estresor crónico, y el dolor físico constante puede hacer que desarrollemos una desconexión de nuestro cuerpo como mecanismo de defensa.
El YST nos ofrece una vía para:
- Recalibrar el sistema nervioso: Ayuda a activar el sistema nervioso parasimpático (el de “descansar y digerir”). Esto es vital, ya que un sistema nervioso calmado puede llevar a una reducción de la inflamación sistémica.
- Volver a “habitar” el cuerpo de forma segura: El dolor crónico nos hace ver el cuerpo como un enemigo o una fuente de sufrimiento. El YST nos enseña a acercarnos a él con curiosidad y amabilidad, a encontrar “islas de seguridad” en nuestras sensaciones.
- Reducir la hipervigilancia: Disminuye el estado de alerta constante, lo que puede mejorar la calidad del sueño, reducir la ansiedad y, por lo tanto, mejorar la fatiga y la niebla mental.
- Procesar la carga emocional: El trauma y las emociones no procesadas se “almacenan” en el cuerpo. El YST ofrece un camino para liberar esa tensión de forma suave y contenida, sin necesidad de hablar de ello.
La nutrición y el YST: la alianza perfecta
De nada sirve llevar una dieta “antiinflamatoria” perfecta si la persona con Lupus vive en un estado de estrés simpático que impide una buena digestión y perpetúa la inflamación.
- Un sistema nervioso equilibrado gracias al YST permite una mejor digestión y absorción de nutrientes.
- Una mejor digestión y una alimentación potenciada en alimentos antiinflamatorios dan al cerebro y al sistema nervioso los “ladrillos” que necesitan para mantenerse en calma y ser resilientes.
Conclusión: una herramienta profunda de autocuidado
El YST no es una cura para el Lupus, pero es una herramienta terapéutica de mucho valor. Nos enseña a dejar de luchar contra nuestro cuerpo y a empezar a escucharlo, a respetarlo y a crear una alianza con él. Es un camino de regreso a casa, a nuestro propio cuerpo, de una forma segura y compasiva.
Si vives con Lupus y sientes que, más allá de la nutrición y el tratamiento médico, necesitas una herramienta para calmar tu sistema nervioso y reconciliarte con tu cuerpo, te invito a explorar este enfoque.
